La ciencia regresa a la Casa Blanca • Tendencias21

La ciencia sale recompensada por el cambio en la Casa Blanca: se ha movilizado a favor de una gestión rigurosa de los problemas globales, aunque ya nada será como antes.

La ciencia se ha pronunciado mayoritariamente a favor de Joe Biden como nuevo presidente de Estados Unidos, según reveló una encuesta de la revista Nature a 900 de sus lectores publicada en octubre.

La preferencia se basa en dos ejes principales: el cambio climático y la pandemia del coronavirus, que Trump ha gestionado en ambos casos desde el negacionismo.

La encuesta refleja el estado de ánimo de la comunidad científica sobre el presidente saliente de Estados Unidos, que ha ignorado y denostado a los científicos a lo largo de sus cuatro años de mandato.

No solo por el negacionismo de evidencias taxativas como el calentamiento global o la pandemia (llegó a decir que el 4 de noviembre nadie hablaría del coronavirus en Estados Unidos), sino por la influencia que ha ejercido Trump en el descrédito de la ciencia, tanto a nivel de Estados Unidos como global.

La ciencia en la política

Otro artículo de Nature señala al respecto: “hace cuatro años, la ciencia no jugó un papel importante en las elecciones estadounidenses. Este año, sin embargo, ha estado presente debido a la pandemia. Pero no influyó de manera abrumadora en los votantes. Las encuestas muestran que la mayoría de los republicanos piensan que Trump ha manejado bien la crisis del coronavirus, a pesar de que ha minimizado los peligros del virus y socavado a los científicos del gobierno y a las medidas de salud pública diseñadas para contener su propagación.”

Algo parecido ocurre con el calentamiento global, añade la revista: “dado que los incendios forestales y los huracanes causan daños en todo el mundo, los demócratas han hecho del cambio climático una prioridad máxima, mientras que los republicanos continúan oponiéndose a los esfuerzos para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero.”

Descrédito científico

El impacto cultural de esta política ha sido tremendo no solo por la inestabilidad que introduce el negacionismo en las instituciones democráticas, sino también porque ha disminuido el valor que la sociedad otorga a la verdad.

Lo que ha pasado con la COVID-19 es un claro ejemplo de este proceso, totalmente paradójico: cuando más se necesita a la ciencia, más desconfianza suscita.

Esta situación ha llevado a Wiebe E. Bijker, profesor de Tecnología y Sociedad en la Universidad de Maastricht, a plantear  la necesidad de nuevas formas de relacionar al público con la ciencia y la tecnología, de refundar el contrato social entre ciencia y sociedad.

Este planteamiento ha calado hondo en la comunidad científica, que se plantea cada vez con mayor contundencia cómo acortar distancias entre el conocimiento científico y la sociedad.

Ciencia-sociedad

Considera que no está conectando bien con la gente y reconoce que ha llegado el momento de salir de su torre de cristal, el habitáculo de los laboratorios donde muchas veces ocurren cosas trascendentes de las que la sociedad no se entera o no puede entender por su complejidad.

Miles de científicos han salido a la calle en los últimos cuatro años llamando la atención de la sociedad primero sobre el calentamiento global y, más recientemente, sobre la pandemia: dos procesos paralelos que representan amenazas globales.

También han firmado manifiestos e insistido en lo que parece olvidado. En estos tiempos de incertidumbre generalizada, lo único que nos queda es el conocimiento científico como referente de certezas para solucionar lo que nos agobia: la pandemia y el calentamiento global.

Gigantes mediáticos militantes

No solo Nature ha saltado a la palestra política a partirse la cara por los científicos. Otros gigantes del conocimiento también se han mojado.

El pasado junio The Lancet acusó a Trump de cometer un delito contra la humanidad por su gestión del coronavirus. Advertía que la desconfianza social en la ciencia tiene efectos perjudiciales en el control de las enfermedades infecciosas: no solo permite que se arraiguen las teorías de la conspiración, sino que también fomenta la duda injustificada sobre las vacunas, de las que depende la superación de la pandemia.

The New England Journal of Medicine, en un artículo firmado por sus 34 editores, acusó a Trump, a principios de octubre, de convertir la crisis del coronavirus en una tragedia norteamericana.

Y Scientific American publicó otro artículo no menos significativo instando a votar por Joe Biden porque Trump se ha convertido en un problema nacional, mientras que el candidato demócrata tiene un programa sanitario y medioambiental coherente con el conocimiento científico.

Algo está cambiando, pero…

En algo se está notando el cambio de actitud de la comunidad científica ante la gestión de los problemas globales: desmontar a lo que representa Trump es muy complicado.

Esta actitud de la comunidad científica se prolongará en el tiempo porque, en paralelo al coronavirus, la crisis climática nos pisa los talones y su gestión política deja todavía mucho que desear, tanto en Estados Unidos como a nivel global.

Eso no significa que el final de la presidencia de Trump suponga el fin de una época loca: es ingenuo pensar que todo volverá a ser como antes, destaca el corresponsal en la Casa Blanca de la AFP Jérôme Cartillier.

“Donald Trump dejó su huella, dividió América y también propuso otra forma de hacer política. Tendremos que juzgar eso con el tiempo, pero a veces hay una visión un tanto angelical que consiste en decir: cerremos bien este paréntesis y volvamos como antes. No, habrá consecuencias”, concluye.

 

Foto: Marcha por la ciencia en Washington, poco después del inicio del mandato de Donald Trump. Crédito: Becker1999.
Actualización: Este artículo, publicado originalmente el 6 de noviembre, se ha actualizado tras la victoria del candidato demócrata Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos.

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