Estas dos estrellas de Wolf-Rayet están condenadas a colisionar para dar lugar a una de las supernovas más violentas del Cosmos

Tan solo una de cada cien millones de estrellas cumple las condiciones necesarias para ser clasificada como una estrella de Wolf-Rayet. Estos cuerpos cósmicos tan esquivos son estrellas masivas que están mucho más calientes y son mucho más brillantes que nuestro Sol. Pero estas no son sus únicas peculiaridades. Además, sufren enormes pérdidas de masa debido al viento solar y suelen formar parte de sistemas binarios junto a un agujero negro, una estrella de neutrones u otra estrella de Wolf-Rayet.

Su nombre procede de los apellidos de los astrónomos que las descubrieron a mediados del siglo XIX, los franceses Charles Wolf y Georges Rayet, que ya entonces tuvieron el acierto de darse cuenta de que aquellos objetos eran muy diferentes a las estrellas que habían observado hasta ese momento. Lo que Wolf y Rayet no intuyeron es que las emisiones tan extrañas que estaban observando estaban producidas por el efecto Doppler propiciado por el potente viento estelar de estas estrellas.

El sistema binario ‘Apep’ nos anticipa una enorme supernova

En 2018 un equipo de astrónomos dirigido por el profesor de la Universidad de Sydney Peter Tuthill descubrió un sistema binario situado a 8.000 años luz de la Tierra que, curiosamente, está constituido por dos estrellas de Wolf-Rayet que tienen una masa entre 10 y 15 veces superior a la de nuestro Sol. Además, brillan 100.000 veces más que nuestra estrella, y su superficie está aproximadamente a 25.000 grados centígrados, una temperatura que deja a los 5.500 grados del Sol mordiendo el polvo.

Las estrellas del sistema binario ‘Apep’ tienen una masa entre 10 y 15 veces superior a la de nuestro Sol, brillan 100.000 veces más que él y su superficie está aproximadamente a 25.000 ºC

Las propiedades físicas de estas estrellas han provocado que los astrónomos las consideren unos objetos apasionantes, especialmente si tenemos en cuenta que las dos que constituyen el sistema ‘Apep’, que es como han sido bautizadas las estrellas de Wolf-Rayet descubiertas por Tuthill y su equipo, mantienen una peculiar relación entre ellas. Un pequeño apunte antes de seguir adelante: el nombre ‘Apep’ procede del Dios egipcio del caos (también conocido como Apofis), y refleja el extraño comportamiento que exhiben estas dos estrellas.

Hasta ahora los astrónomos no han observado en nuestra galaxia un sistema binario tan peculiar como este. Y es que la gravedad de ambas estrellas las mantiene enlazadas en un baile en el que una de ellas tarda 125 años en completar una vuelta alrededor de la otra. La distancia que las separa es similar al tamaño de nuestro sistema solar, pero, aun así, según los cosmólogos que las están estudiando están condenadas a colisionar en la que será una de las supernovas más violentas y energéticas conocidas.

De las nubes de polvo y gas a los agujeros negros: así nacen, crecen, mueren y se reproducen las estrellas

De hecho, el sistema ‘Apep’ es el primer candidato conocido en la Vía Láctea con el potencial de ser una fuente de emisión de rayos gamma peligrosa. Afortunadamente, según los investigadores cuando las estrellas de este sistema colisionen y provoquen una supernova los rayos gamma que emitirá no se dirigirán hacia la Tierra. Mientras tanto estas dos estrellas de Wolf-Rayet continuarán girando sobre sí mismas con una violencia tremenda, lo que provoca que estén perdiendo una parte de su masa como consecuencia de una fuerza centrífuga que las achata por los polos y las ensancha por su ecuador.

Este giro genera un viento estelar muy intenso capaz de desplazarse al 1% de la velocidad de la luz, y propicia la aparición de un halo de polvo muy espectacular que mantiene intrigados a los astrónomos debido a la dificultad que tiene describir el comportamiento de este sistema binario. Podéis ver el halo con claridad en la imagen de portada de este artículo. El vídeo que tenéis un poco más arriba ha sido creado por Yinuo Han, un investigador del equipo de Peter Tuthill, y, al parecer, reproduce con precisión el hipnótico baile de las estrellas de ‘Apep’.

Imagen de portada | ESO/Callingham et al
Más información | Universidad de Sydney

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