Así de realistas son el ajedrez y las mentes prodigiosas en ‘Gambito de Dama’, de Netflix

La nueva serie de Netflix, Gambito de Dama (The Queen’s Gambit), está arrasando y, en parte, también está poniendo de moda el ajedrez. Además, su propuesta resulta muy realista y cuidada en todos los detalles.

No en vano, los productores trabajaron con dos consultores, Garry Kasparov, el ex campeón mundial, y Bruce Pandolfini, un conocido entrenador de ajedrez de la ciudad de Nueva York.


Sin errores de bulto pero con licencias

Entre los errores más comunes que podemos encontrar cuando el cine se acerca se aproxima al ajedrez: tableros que están orientados incorrectamente (siempre debe haber un cuadrado blanco en la esquina derecha), posiciones incorrectos de piezas (como invertir los reyes y reinas en sus casillas iniciales) y personajes que no saben cómo mover y manipular las piezas.

Mv5bm2ewmmrhmmutmzbmms00zdq3ltg4ogetnjlkodk3ztmxmmjlxkeyxkfqcgdeqxvymjm5odk1ndu V1 Uy1200 Cr90 0 630 1200 Al

Sin embargo, en Gamito de Dama se han evitado estos y otros errores. Los actores fueron entrenados para jugar y mover piezas como si fueran expertos, lo que generalmente se hace con movimientos rápidos, casi como de ametralladora.

Además, las partidas representados en la serie no son solo realistas, sino que también son reales, basadas ​​en competiciones reales. Por ejemplo, el partido en el que Beth derrota a Harry por el título estatal de Kentucky fue de un juego que tuvo lugar en Riga, Letonia, en 1955; la última partida de ajedrez veloz en la que vence a Benny se jugó en la Ópera de París en 1858; y el partido en el que se enfrenta al campeón ruso Vasily Borgov (Marcin Dorocinski) en la final de la serie se jugó en Biel, Suiza, en 1993.

Este problema de ajedrez podría tardar muchos años en resolverse

Aunque Gambito de Dama es una obra de ficción y los personajes que aparecen en ella nunca existieron, hay referencias pasajeras a jugadores que sí lo existieron, entre ellos los campeones mundiales José Raúl Capablanca, Alexander Alekhine, Mikhail Botvinnik y Boris Spassky. También hay un momento curioso en el que Harry compara a Beth con Paul Morphy, un estadounidense que jugó ese famoso juego en la Ópera de París en 1858 y que es considerado el mejor jugador del siglo XIX.

También hay una pizca de verdad en la escena en la que Harry Beltik (Harry Melling) saca una gran caja de libros de ajedrez de su cocje y comienza a pasárselos a Beth en su sala de estar, solo que para descubrir que ya ha leído la mayoría de ellos. La mayoría de los jugadores de ajedrez particularmente habilidosos probablemente hayan jugado al menos algunas partidas enteramente en su cabeza, como hacen Beth y Benny.

Éste es el juego de ajedrez más pequeño (ni siquiera puedes verlo)

El ajedrez es en realidad muy agotador, es un deporte mental. Necesitas estar sano para jugar, en buena forma. Así pues, quizá no es muy realista que Beth use los tranquilizantes y el alcohol para concentrarse y poder recrear partidas en su mente. Si las personas consumen sustancias durante su carrera ajedrecística, es más probable que las utilicen para aliviar el estrés o la ansiedad, no para mejorar realmente su juego.

Aunque también tiene su vertiente verosímil en el sentido de que los grandes jugadores no ven el tablero como lo hacen los profanos: perciben patrones. Y eso les permite recrean patrones en su cabeza, como si leyeran frases o palabras en vez de las letras individuales en un texto, tal y como explico en el siguiente vídeo:

Link